La importancia de que las y los jóvenes apuesten por su desarrollo profesional
En México, la población joven (definida comúnmente como quienes tienen entre 15 y 29 años) representa una porción significativa de la población total: cerca de 30.4 millones de personas. Esta etapa de la vida es crucial, pues muchos están estudiando, tratando de insertarse en el mercado laboral o considerando su futuro profesional.
Sin embargo, las estadísticas muestran desafíos importantes para los jóvenes: al primer trimestre de 2024, la tasa nacional de desempleo entre jóvenes de 15 a 29 años alcanzó 4.8 %, cifra que supera la media general. Además, una proporción considerable de jóvenes que se emplean lo hace en el sector informal, bajo condiciones precarias (según algunos estudios, hasta 68 % de jóvenes de 15 a 24 años podrían estar en trabajos informales).
Frente a este panorama, la formación técnica, profesional o especializada adquiere una importancia estratégica: incrementa las posibilidades de acceder a empleos formales, mejor remunerados y con condiciones más estables. Estudios sobre educación y empleo coinciden en que una mayor especialización o competencias certificadas mejora la empleabilidad, reduce la probabilidad de caer en la informalidad y facilita la inserción en sectores regulados o que exigen estándares técnicos.
Para los jóvenes, interesarse en su formación significa impulsar su movilidad social, su estabilidad económica y su desarrollo profesional. Pero también representa una forma de contribuir al desarrollo del país: al capacitarse en áreas como seguridad y salud en el trabajo (SST), administración, evaluación de proyectos, salud laboral o emprendimiento, se forma un capital humano más calificado, responsable, consciente de normas, riesgos y buenas prácticas, lo que aporta a la calidad del empleo, al bienestar colectivo y a estándares más altos en empresas e instituciones.
Además, la preparación formal:
-
reduce la vulnerabilidad frente al desempleo o al trabajo informal;
-
mejora las competencias técnicas y blandas demandadas en el mercado actual;
-
permite a los jóvenes adaptarse a cambios estructurales, tecnológicos o normativos en el mundo laboral;
-
y da credibilidad profesional, lo que favorece su competitividad y posibilidad de ascenso.
Por todo ello, es fundamental que los jóvenes vean la capacitación formal (ya sea a través de cursos técnicos, diplomados, certificaciones o formación continua) como una inversión estratégica en su presente y futuro, no solo para mejorar su situación individual, sino como un aporte al desarrollo económico y social del país.
